13 abr. 2016

El principio del fin (Capítulo 3 de 4)



Este relato pertenece a la cuarta ronda de Blogs Colaboradores





El cuchillo había resbalado de mi mano sudorosa…

Cerré mis ojos y esperé el dolor provocado cuando aquel Dani tan diferente al que una vez había conocido me mordiera. Más aquel dolor nunca llegó, pues en su lugar oí un gran estruendo haciéndome agachar de pronto para evitar el impacto.

Todo quedó en silencio durante un momento que, quizá tan solo fueron algunos segundos, un par de minutos quizá, pero que a mí se me hicieron eternos. Abrí mis ojos lentamente tan solo para ver un gran charco de sangre y vísceras alrededor del cuerpo descompuesto de Dani, a tan solo escasos centímetros de mí.

No comprendía nada, ya que yo ni siquiera lo había atacado y tampoco me había dado cuenta del momento en que alguien más había entrado en aquella gasolinera, hasta que paralizada en mi lugar como estaba, al levantar levemente mi mirada pude ver a un chico de cabellos negros como la noche, ropas desgastadas y rotas, y con unos ojos zafiro que me observaban como esperando a que dijera algo, o… quizás que me levantara con la ayuda de su mano extendida, la cual había tardado en percatarme de que estaba ahí.

—Lo has… lo has matado —le recriminé con un leve tartamudeo y apenas un hilo de voz. Todavía no podía terminar de asimilar que mi mejor amigo estuviera muerto allí, frente a mí, aunque solo fuera una versión corrupta y podrida de él.

—No hace falta que me des las gracias, solo acabo de salvarte la vida —respondió el desconocido con cierto toque de sarcasmo en su tono de voz.

—Gra... gracias —susurré apenas reaccionando —pero no debías haberlo matado, era mi mejor amigo, si tan siquiera lo hubiéramos dejado inconsciente o algo para tratar de buscar la forma de ayudarlo…. —añadí sintiendo cómo me fallaba la voz, y no solo la voz, sino las fuerzas también empezaban a mermar. Primero mi madre perdiendo su batalla contra la epidemia, ahora Dani… No tenía nada que me diera esperanza suficiente para creer que algunos de mis demás amigos habían sobrevivido.

—¿Ayudarlo? —El desconocido preguntó soltando una risa amarga. —¿Dónde has estado metida estas últimas semanas, niña? ¿En un bunker bajo tierra? Ese ya no era tu amigo, era un engendro que ni te reconocía y tan solo quería matarte. Siento ser tan franco y bajarte de tu nube tan bruscamente, pero es la verdad —añadió alzándose levemente de hombros. —¿Estás sola?

Me alejé un par de pasos de aquel chico al que apenas acababa de conocer, ¿a qué venía esa pregunta? Tal vez si le decía que sí, intentaría matarme para robarme las pocas pertenencias que tenía… pero, por otro lado, no podía negar que me había salvado la vida, no tenía sentido. Sin embargo, ¿qué tenía sentido en aquellos días? —Sí, lo estoy —asentí en un susurro en respuesta. Suponía que si hubiera querido verme muerta habría dejado que Dani hubiera hecho el trabajo sucio, no tenía por qué salvarme de morir solo para matarme él mismo después.

—¿Has oído hablar de los “otros”? —ladeó su cabeza un poco hacía un costado, observando mi reacción con curiosidad.

—¿Los otros? —señalé el cadáver en descomposición de Dani estallando en cólera. —Teniendo en cuenta de que acabas de matar a uno de ellos delante de mí, creo que es algo obvio.

—¿Esto? —Se echó a reír, esta vez con una pizca, casi invisible, de diversión. —Esto no, sino los Otros, los que dicen que vienen a ayudarnos con todo este desastre. He escuchado por ahí que estarán alojados en lo más profundo del bosque lindante con Walla y es ahí hacía dónde voy. ¿Qué dices? ¿Vienes?

—¿Alguien que puede ayudarnos? —Lo dudaba, la verdad. Había pasado demasiado tiempo desde que toda esta catástrofe había empezado, si el gobierno tuviera un plan para detener todo esto, ¿por qué no lo habría usado ya?

—Tú eres bastante escéptica y desconfiada para los tiempos en que vivimos —reflexionó estudiándome —Mira, no sé quién sean, pero algo sí tengo claro, que, si están aquí para ayudarnos, no pienso morir aquí sin intentar intentarlo. Por cierto, soy Alberto, ¿vienes conmigo y te cuento lo poco que he averiguado o simplemente te quedas aquí a hacerle compañía a eso? 

—Oh bueno, discúlpame por ya no fiarme de nadie después de por todo lo que he pasado —repliqué molesta, recogiendo mi mochila del suelo donde se había caído antes y buscando mi cuchillo, mientras reconsideraba su ofrecimiento. A decir verdad, tenía su lógica, me sería más fácil sobrevivir acompañada que estando sola como hasta ahora, además de que podría hablar con alguien y no sólo conmigo misma y sobretodo, y aunque me costara admitirlo, me había venido bien que hubiera aparecido cuando me había bloqueado al ver a Dani en aquel aspecto. —Está bien, voy contigo, pero me cuentas todo lo que sabes al respecto y pobre de ti si esto es tan solo un truco, tengo un arma y sé muy bien como usarla. —le avisé, intentado sonar decidida al ver la punta del cuchillo asomar por debajo del que había sido mi mejor amigo, agachándome para recogerlo y metiéndolo en mi cinturón para tenerlo más a mano por si acaso lo necesitaba de pronto. —Por cierto, soy Lyra, ¿vamos o ya no tienes tanta prisa? 



«Continuará»

1 comentario:

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