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20 ene 2021
5 oct 2020
26 jun 2020
20 ene 2020
Reseña: El ojo de cristal. Charlie saldrá esta noche.- Cornell Woolrich
Ficha Técnica:
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| ►Autor: Cornell Woolrich ►Editorial: Vicens Vives ►Género: Novela Negra ►Saga: Autoconclusivo ►Nº de páginas: 144 ►Traductor: Jordi Arbonés ►Ilustrador: Tha |
Los dos relatos policíacos de este volumen constituyen una espléndida muestra de la maestría de Cornell Woolrich (1903-1968) en el manejo del suspense y la intriga. En <<El ojo de cristal>> un adolescente de ingenio muy vivo y valor a toda prueba sigue el rastro a un misterioso hombre hasta una casa deshabitada, donde tendrá que enfrentarse a un despiadado asesino. El sobrecogedor ambiente nocturno que domina en <<El ojo de cristal>> se adueña asimismo de <<Charlie saldrá esta noche>>. En este inquietante relato, un capitán de policía presiente qaue su propio hijo puede ser el peligroso atracador que, una vez tras otra, logra escapar inexplicablemente al acoso de los agentes de la ley. El conflicto entre el deber profesional y el amor de padre atormenta hasta lo indecible al jefe de policía, que decide encargarse personalmente de la investigación.
15 mar 2019
Reseña: Relatos de fantasmas.- Steven Zorn
Comprar aquí
Un experimentado viajero descubre con horror que la persona con la que comparte el camarote es un muerto viviente... Una pareja de recién casados averigua demasiado tarde que una escalofriante leyenda local es algo más que una mera superstición... Tras instalarse en casa de su primo, un pequeño huérfano recibe la visita de dos niños fantasmas que no pretenden otra cosa que salvarle la vida...
Atrévete a entrar en el mundo misterioso y fantástico de este libro aterrador: en cada uno de sus rincones te espera una sorpresa.
Atrévete a entrar en el mundo misterioso y fantástico de este libro aterrador: en cada uno de sus rincones te espera una sorpresa.
14 feb 2019
Reseña: Refutación del efecto doppler.- Jaime Molina
«¿Cómo se sentía él al ver que todo el mundo estaba en un plano muy inferior al suyo?» es la extraña pregunta que un periodista le hace a un niño prodigio en El genio, uno de los once relatos de Refutación del efecto Doppler. Cada relato cuenta con un instante absolutamente original que incrementa la potencia de la narración y de los personajes para desembocar en finales imprevisibles.
13 dic 2017
Reseña: El niño pájaro.- Juan Manuel Peñate
►Título: El niño pájaro
►Autor: Juan Manuel Peñate Rodriguez
►Editorial: Círculo Rojo
►Número de páginas: 322
►ISBN: 978-84-9126-565-8
►Edición: Rústica con solapas
►Precio: 15€
►Autor: Juan Manuel Peñate Rodriguez
►Editorial: Círculo Rojo
►Número de páginas: 322
►ISBN: 978-84-9126-565-8
►Edición: Rústica con solapas
►Precio: 15€
►Comprar: Amazon
En La última lectura los integrantes de una hermandad secreta se reúnen una vez más en el acostumbrado punto de encuentro, ignorantes de lo que la noche les depara; el Club Paradise es un sitio especial al que no se puede ingresar si no es por invitación directa de alguien de dentro, sin embargo, lo insólito no radica en su emplazamiento, de por sí inconfesable, sino en los miembros que lo conforman; en una época de oscuridad y misterios, en mitad de un sangriento barrizal cubierto por centenares de cadáveres, una enigmática mujer de la que apenas se sabe da a luz un extraño bebé que no llora, aquel destinado a sacudir los cimientos de una era, aquel cuya leyenda será recordado como El niño pájaro; en ¡Feliz no cumpleaños! nos reencontraremos con personajes archiconocidos, aunque más allá de ese mundo onírico, tras las sombras, ¿hasta qué punto los conocemos?; en La gasolinera una imprevista parada en el camino supondrá para alguien un soplo de aire fresco, pero también un antes y un después en la manera de contemplar su viaje interminable. Del autor de Al otro lado del cristal, nos llega su esperada segunda antología, nuevos e inolvidables relatos donde los amantes del suspense, la ciencia-ficción, la fantasía o el terror volverán a estar de enhorabuena.
15 jul 2016
Reseña: Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café.- Isaac Pachón

►Título: Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café
►Autor: Isaac Pachón
►Editorial: Autopublicado
►Saga: No
►Género: Relatos
►Encuadernación: Tapa blanda / Digital
►Nº de páginas: 192
►ASIN: B00UFTY138
►Precio: 12,75€ (Papel) / 2,99€ (Digital)
►Autor: Isaac Pachón
►Editorial: Autopublicado
►Saga: No
►Género: Relatos
►Encuadernación: Tapa blanda / Digital
►Nº de páginas: 192
►ASIN: B00UFTY138
►Precio: 12,75€ (Papel) / 2,99€ (Digital)
Cuando busco la inspiración, pido o me preparo un café (siempre con leche), cojo mi bolígrafo de tinta azul o coloco mis manos sobre el teclado, según esté en alguna cafetería agradable o en el silencioso despacho de mi casa, y empiezo a escribir. Y escribo cosas, cosas que pasan, que son verdad, cosas que imagino, que ni suceden ni sucederán, cosas que te harán sonreír o llorar, cosas en las que seguirás pensando durante un tiempo o cosas que olvidarás justo al pasar de página. Y doy un pequeño sorbo a mi taza de café, todavía sigue caliente. Historias en las que la vdia, con todos sus aspectos, buenos o malos, es la gran protagonista. Relatos de amores no confesados, de zapatos mágicos, de ancianos entrañables, de ilusionistas desilusionados, de sorprendentes infidelidades, de contagios cotidianos, de idas y venidas entre el cielo y el infierno, de locuras en pijama, de inquietantes herbolarios... y degusto de nuevo el café, ya más templado. Me pierdo entre sus escenarios; los concurridos mercados de Marrakech, las estrechas y húmedas calles venecianas, un auténtico café de Nueva York, un hospital parisino, y cómo no, algún que otro rincón de mi querida Barcelona. Y cuando termino de pasear, de husmear, de soñar por sus callejuelas, encontrando el fin a estas historias, siempre sucede lo mismo y, la verdad, es un fastidio porque cuando echo mano a la taza, sin haber sido consciente, se me ha enfriado el café.

Isaac Pachón Zamora (Badalona, 1978). Escritor de relatos y artículos para diversas publicaciones en formato de papel y digital. A destacar su participación en antologías narrativas tales como "Cuentamínate" (Ed. Hijos del Hule, 2012), "Relato Breve 2.0" (Ed. Imprimátur, 2012) y "Porciones creativas: Pluma, tinta y papel" (Ed. Diversidad Literaria, 2012). Ganador del Premio de Relatos Revista Entropía (Ed. Entropía, 2013) con el relato Bellini, que podéis leer entre las páginas de este libro. Coautor del libro "Bárbara, Celia, Mariona y otros cuentos de Barcelona" (2014). Para más información podéis visitar la web: www.isaacpachon.com .
¡Holaaaaa por aquí!Para terminar con la semana, os traigo la reseña de un libro que tuve el placer de conocer gracias al blog tour, #BBTCosasQueEscribí, que empezó a organizar el autor hará como un mes.
Antes que nada aprovecho para agradecer a Isaac el envío del ejemplar en digital y la postalita que veis aquí al lado de la portada del libro, fue un lindo detalle^^
Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café, es una forma bastante original de presentarnos un libro de relatos. Porque de verdad, ya desde el prólogo, que por cierto es una parte importante a destacar del libro, pues no tiene ningún desperdicio, y ya comienza a sacarte alguna que otra sonrisa de adelanto a lo que te espera durante la lectura, nos vamos a dar cuenta de que no es un libro normal a lo que estamos acostumbrados, ni siquiera, un libro normal de relatos a los que estamos acostumbrados.
Es un libro que ya por sí solo, son sus mismas páginas, sus mismas letras las que te invitan a, más que leerlo, a meterte entre sus historias, a viajar por los lugares que te muestra o ver de primera mano esas historias que te presenta tal cual estuvieras presente, formando parte del reparto de personajes junto a tu taza de café, de la cual ya te has olvidado por completo y se va enfriando poco a poco, mientras tu mente se ha trasladado por completo a cada historia.
A veces, que se te enfríe el café es lo mejor que te puede pasar porque significa que están pasando cosas.
La pluma del autor es algo que me ha encantado conocer. Esa forma de narrar tan fresca, ligera, que te consigue trasladar a vivir diferentes historias a modo de relatos cortos, algunos más que otros, pero escritos de una forma tan especial que tan solo hace que te enganches a la lectura, transmitiéndote diferentes emociones según el tipo de relato que leas y sobretodo te olvides de todo a tu alrededor hasta que llegas hasta el final del libro, dejándote con una sonrisa en la cara que hasta ese momento ni te habías dado cuenta que todavía seguía ahí.
Los relatos hablan de situaciones cotidianas, amores no confesados, nacimientos, miedos, superación personal, pero incluso en algunos Isaac es capaz de darles ese toque mágico, que lo harán todavía más especial.
Uno de los problemas que nos podemos encontrar en este tipo de lectura, puede ser el de la extensión de cada relato. Si bien, el autor en cuanto a su manera de cerrarlos no me puedo quejar, pues considero que no es nada fácil el escribir historias con tan poca extensión de líneas y mucho más el saber donde y como terminarlas, y esto él lo ha sabido clavar casi perfectamente, También es verdad que en muchos de estos relatos, he conectado tanto con los personajes que sí que me he quedado con muchas ganas por saber algo más sobre ellos.
En resumen, un libro ligerito y muy propio para leer en medio de estos días calurosos de verano. Qué te sacará más de una sonrisa, que te sorprenderá en más de una ocasión. Con un prólogo increíble que será lo primero (pero no lo último ni lo único) que te invite a leer sus páginas. Qué más que relatos, te sumergerá en sus historias haciéndote viajar por distintos lugares.
No pienses en despedidas antes de haberte ido.
5/5
Super recomendado^^
¿Estás en medio de un bloqueo lector? ¿Quieres una lectura especial, original y fresca para disfrutar mientras tomas un café, un chocolate o un té? No sé a que esperas para leerlo :p
Comprar en Amazon:
5 jul 2016
Reseña: Los sueños de la tinta mágica.- María Martinez Diosdado

►Título: Los sueños de la tinta mágica
►Autora: María Martinez Diosdado
►Editorial: Leibros
►Saga: No
►Encuadernación: Tapa blanda / Digital
►Precio: 11,95€ (papel) / 1,95€ (Ebook)
►Autora: María Martinez Diosdado
►Editorial: Leibros
►Saga: No
►Encuadernación: Tapa blanda / Digital
►Precio: 11,95€ (papel) / 1,95€ (Ebook)
Siempre he pensado que leer un libro es como emprender un largo y maravilloso viaje, donde cada personaje en una parada en el camino y cada paisaje, una emoción nueva con la que nos encontramos.
Déjenme pues que le lleve de la mano para recorrer juntos de fantasía, de sentimientos en estado puro, para acabar perdidos en medio de uno Corazones que tienen mucho que contarnos.
Cierren los ojos, abran el alma y atrévanse a viajar pero sobre todo a soñar...
*Booktrailer del libro.
Déjenme pues que le lleve de la mano para recorrer juntos de fantasía, de sentimientos en estado puro, para acabar perdidos en medio de uno Corazones que tienen mucho que contarnos.
Cierren los ojos, abran el alma y atrévanse a viajar pero sobre todo a soñar...
14 abr 2016
El principio del fin (Capítulo 4 de 4)
Este relato pertenece a la cuarta ronda de la iniciativa Blogs Colaboradores
En la actualidad…
Cierro los ojos por un momento junto al diario sobre
mi regazo. Intentando poner en claro mis ideas, es la primera vez que pienso en
todo lo que pasó de forma que pueda transmitirlo a las hojas de este cuaderno,
sin que casi me atormenten los recuerdos. Me levanto apoyándome en el tronco
del árbol que me ha dado cobijo bajo sus hojas por un largo rato mientras
escribía a Darío y observo la gran explanada verde y amarilla a partes iguales
frente a mí. El sol brillando con fuerza, haciendo que la hierba y semillas
plantadas en algunas partes estratégicas del campo brillen y hagan del paisaje
algo más perfecto de lo que es.
Recojo las pocas pertenencias que traje conmigo cuando
nos trajeron y me dirijo a la sala donde, a través de un espejo, como si fuera
una ventana, podemos ver lo que queda de la Tierra. Todas las tardes después de
escribir un poco más de esta historia, vengo aquí, ya que todavía tengo la
esperanza de volver a ver a mi madre o alguno de mis amigos que dejé atrás,
aunque solo sea un momento y sepa, que, aunque me estuvieran viendo no me
reconocerían a mí, pues seguro que están infectados, ya que, si no, ya me los
hubiera encontrado por aquí.
Mientras observo el lugar que durante diecisiete años
fue mi hogar, comienzo a rememorar el momento en que los “Otros” nos trajeron
aquí, salvándonos incluso de nosotros mismos...
Resulta que, los “otros” a quién Alberto se refería,
no eran más que otros seres que habían venido a nuestro mundo a ayudarnos, ya
que ellos pasaron por algo parecido en el suyo. Por lo visto, lo de no valorar
lo que nos da la naturaleza y machacarlo hasta que ya no queda nada, no solo
viene de nosotros los terrestres, ahí fuera, en el resto del universo, también
existen otras personas, que, aunque más avanzadas cultural y espiritualmente,
también cometen errores parecidos. Sin embargo, la diferencia entre ellos y nosotros,
es que ellos si aprenden de sus errores al contrario que nosotros que vamos
cometiendo los mismos una y otra vez a lo largo de la historia.
Ahora mismo me encuentro a, según nos explicaron los “otros”,
sesenta y nueve millones de kilómetros de la Tierra, en un planeta llamado Urbania,
una de las lunas del planeta Soja, dedicado expresamente a la agricultura y
cuyos habitantes, los Sojianos, se fueron a vivir a una de sus lunas después de
destruir casi por completo su planeta en una guerra entre ellos mismos por el
poder. Estos pasaron a llamarse Urbanianos y son los que nos recibieron a los
pocos que quedamos en nuestro planeta y que ellos pensaron que seríamos
apropiados para ayudarnos mutuamente a reconstruir este, su planeta. Los del
otro bando, siguen conservando el mismo nombre, los Sojianos, son más radicales
y parece que se niegan a evolucionar como los Urbanianos, pues continúan siendo
enemigos naturales de estos, solo a la espera de recuperar fuerzas para volver
a atacar.
Aunque ellos no cuentan con ayuda del exterior, no nos
ven a los Terrestres como posibles aliados, si no que nos creen inferiores. No
saben que en el fondo somos iguales, solo piensan en ellos mismos hasta
destruirse por completo.
Ahora solo me queda pensar que esta es una nueva
oportunidad, no solo para comenzar de nuevo, si no para intentar redimirme y
perdonarme a mí misma por haber abierto aquella maldita caja en aquel callejón,
solo por satisfacer mi curiosidad ayudando así a unos pocos a terminar de
destruir lo que un día fue nuestro hogar.
13 abr 2016
El principio del fin (Capítulo 3 de 4)
Este relato pertenece a la cuarta ronda de Blogs Colaboradores
El cuchillo había resbalado de mi mano sudorosa…
Cerré mis ojos y esperé el dolor provocado cuando
aquel Dani tan diferente al que una vez había conocido me mordiera. Más aquel
dolor nunca llegó, pues en su lugar oí un gran estruendo haciéndome agachar de
pronto para evitar el impacto.
Todo quedó en silencio durante un momento que, quizá
tan solo fueron algunos segundos, un par de minutos quizá, pero que a mí se me
hicieron eternos. Abrí mis ojos lentamente tan solo para ver un gran charco de
sangre y vísceras alrededor del cuerpo descompuesto de Dani, a tan solo escasos
centímetros de mí.
No comprendía nada, ya que yo ni siquiera lo había
atacado y tampoco me había dado cuenta del momento en que alguien más había
entrado en aquella gasolinera, hasta que paralizada en mi lugar como estaba, al
levantar levemente mi mirada pude ver a un chico de cabellos negros como la
noche, ropas desgastadas y rotas, y con unos ojos zafiro que me observaban como
esperando a que dijera algo, o… quizás que me levantara con la ayuda de su mano
extendida, la cual había tardado en percatarme de que estaba ahí.
—Lo has… lo has matado —le recriminé con un leve
tartamudeo y apenas un hilo de voz. Todavía no podía terminar de asimilar que
mi mejor amigo estuviera muerto allí, frente a mí, aunque solo fuera una
versión corrupta y podrida de él.
—No hace falta que me des las gracias, solo acabo de
salvarte la vida —respondió el desconocido con cierto toque de sarcasmo en su
tono de voz.
—Gra... gracias —susurré apenas reaccionando —pero no
debías haberlo matado, era mi mejor amigo, si tan siquiera lo hubiéramos dejado
inconsciente o algo para tratar de buscar la forma de ayudarlo…. —añadí
sintiendo cómo me fallaba la voz, y no solo la voz, sino las fuerzas también
empezaban a mermar. Primero mi madre perdiendo su batalla contra la epidemia,
ahora Dani… No tenía nada que me diera esperanza suficiente para creer que algunos
de mis demás amigos habían sobrevivido.
—¿Ayudarlo? —El desconocido preguntó soltando una risa
amarga. —¿Dónde has estado metida estas últimas semanas, niña? ¿En un bunker
bajo tierra? Ese ya no era tu amigo, era un engendro que ni te reconocía y tan
solo quería matarte. Siento ser tan franco y bajarte de tu nube tan bruscamente,
pero es la verdad —añadió alzándose levemente de hombros. —¿Estás sola?
Me alejé un par de pasos de aquel chico al que apenas
acababa de conocer, ¿a qué venía esa pregunta? Tal vez si le decía que sí,
intentaría matarme para robarme las pocas pertenencias que tenía… pero, por
otro lado, no podía negar que me había salvado la vida, no tenía sentido. Sin
embargo, ¿qué tenía sentido en aquellos días? —Sí, lo estoy —asentí en un
susurro en respuesta. Suponía que si hubiera querido verme muerta habría dejado
que Dani hubiera hecho el trabajo sucio, no tenía por qué salvarme de morir
solo para matarme él mismo después.
—¿Has oído hablar de los “otros”? —ladeó su cabeza un
poco hacía un costado, observando mi reacción con curiosidad.
—¿Los otros? —señalé el cadáver en descomposición de
Dani estallando en cólera. —Teniendo en cuenta de que acabas de matar a uno de
ellos delante de mí, creo que es algo obvio.
—¿Esto? —Se echó a reír, esta vez con una pizca, casi
invisible, de diversión. —Esto no, sino los Otros, los que dicen que vienen a ayudarnos
con todo este desastre. He escuchado por ahí que estarán alojados en lo más
profundo del bosque lindante con Walla y es ahí hacía dónde voy. ¿Qué dices?
¿Vienes?
—¿Alguien que puede ayudarnos? —Lo dudaba, la verdad.
Había pasado demasiado tiempo desde que toda esta catástrofe había empezado, si
el gobierno tuviera un plan para detener todo esto, ¿por qué no lo habría usado
ya?
—Tú eres bastante escéptica y desconfiada para los
tiempos en que vivimos —reflexionó estudiándome —Mira, no sé quién sean, pero
algo sí tengo claro, que, si están aquí para ayudarnos, no pienso morir aquí
sin intentar intentarlo. Por cierto, soy Alberto, ¿vienes conmigo y te cuento
lo poco que he averiguado o simplemente te quedas aquí a hacerle compañía a
eso?
—Oh bueno, discúlpame por ya no fiarme de nadie después de por todo lo que he pasado —repliqué molesta, recogiendo mi mochila del suelo donde se había caído antes y buscando mi cuchillo, mientras reconsideraba su ofrecimiento. A decir verdad, tenía su lógica, me sería más fácil sobrevivir acompañada que estando sola como hasta ahora, además de que podría hablar con alguien y no sólo conmigo misma y sobretodo, y aunque me costara admitirlo, me había venido bien que hubiera aparecido cuando me había bloqueado al ver a Dani en aquel aspecto. —Está bien, voy contigo, pero me cuentas todo lo que sabes al respecto y pobre de ti si esto es tan solo un truco, tengo un arma y sé muy bien como usarla. —le avisé, intentado sonar decidida al ver la punta del cuchillo asomar por debajo del que había sido mi mejor amigo, agachándome para recogerlo y metiéndolo en mi cinturón para tenerlo más a mano por si acaso lo necesitaba de pronto. —Por cierto, soy Lyra, ¿vamos o ya no tienes tanta prisa?
«Continuará»
4 abr 2016
El principio del fin (capítulo 2 de 4)
En la actualidad…
Hola Darío.. Sí no soy muy original poniéndote un nombre pero tampoco quería llamarte algo tan obvio como "diario" por lo que se me ocurrió este juego de palabras, así que a partir de ahora te llamaré así. Siento no haberte seguido contando la historia de lo que pasó, pero tampoco sabía como continuarla, todo pasó demasiado rápido y aún hoy en día continuo poniendo en orden mis pensamientos y tratando de entender qué y por qué pasó todo aquello....
Habían pasado unas pocas semanas desde que abrí la caja...
Al despertarme aquel día y al ir a comer algo, me di cuenta de que las provisiones escaseaban. Tomé una manzana de mi mochila, la última pieza de fruta que vería en mucho tiempo, pues al ser alimento perecedero, dudaba que encontrara algo similar en buen estado pues todo estaría ya podrido o camino a ponerse feo. Mientras comía la preciada fruta, me colgué mi mochila sobre los hombros y salí del improvisado camping que había montado hacía unos días a las afueras de Walla, caminando entre el cobijo de los árboles, en aquellos momentos muertos, que todavía quedaban a mi alrededor.
Me encontraba escondida tras unos marchitos arbustos. Frente a mi la carretera que separaba el bosque de la pequeña ciudad que me vio crecer, y al otro lado de la misma, una gasolinera con una pequeña tienda en su interior. Parecía intacta, al parecer nadie había llegado antes, por lo que no parecía estar saqueada todavía. Tal vez ahí tenía una oportunidad de llenar mi mochila con comida y sobretodo agua.
Pero no me atrevía a salir de mi escondite. ¿Y si los otros me veían? Se parecían a mis vecinos, amigos y a la gente que quizá me hubiera cruzado antes tomando un café en Barny´s o de compras en el pequeño centro comercial, pero no eran ellos o poco quedaba de aquellas personas. Ya no tenían la capacidad de pensar por ellos mismos, no parecían reconocer a nadie y sobretodo, y esto era lo más fácil para distinguirlos, habían perdido la capacidad de hablar, ahora tan solo emitían gruñidos tal cual estuvieran enfadados todo el tiempo.
Mi madre era uno de ellos. Había enfermado haría una semana con la epidemia que estoy segura yo misma había desatado al abrir aquella maldita caja, pero jamás le dije, ni a ella ni a nadie. Ella pensaba que había sido el gobierno el encargado de abrir la caja, nunca se lo discutí porque en cierto modo tenía razón. Yo no la hubiera abierto si ellos no la hubieran dejado donde alguien como yo pudiera haberla encontrado, o al menos eso era lo que yo quería pensar para sentirme algo mejor, más no parecía funcionar del todo, pues no cambiaba el hecho de que pensaba que había tomado la decisión equivocada y que por culpa de mi curiosidad nos encontrábamos en aquel embrollo.
Al parecer éramos demasiada población, el asunto se les estaba yendo de las manos, lo explicaron al principio de la epidemia, pero la verdad no entendí demasiado bien aquellas palabras técnicas que la señora de las noticias leyó en sus notas frente a todo el país. Mi madre me explicó entonces que cuando la población se descontrola surgían guerras o catástrofes ya fueran provocadas o naturales, como el calentamiento global, y que solo unos pocos lograban sobrevivir para comenzar de nuevo. En mi opinión una mierda, porque... ¿Quién podía elegir quien se quedaba o se iba y podía dormir por las noches con su conciencia manchada?
De pronto escuché ruidos, pasos arrastrándose... eran ellos, los otros. Estiré el cuello levemente para mirar por encima de los arbustos. Si salía ahora y corría hacía la gasolinera, todavía tendría una oportunidad... Los pasos no se acercaban ni a mi ni al establecimiento, si no que sus cuerpos malolientes se arrastraban tras la tienda. Era ahí donde debían estar en grupo reunidos, al acecho de alguien a quien comer.
Fue entonces que armándome de valor, decidí salir y correr...
Agarré el cuchillo de carne, que conseguí antes de salir de casa, tan solo para defenderme, aunque al menos de momento nunca lo había llegado a utilizar, tan fuerte que noté como el mango se me clavaba en la palma de mi mano.
Y corrí... Corrí tan rápido como mis piernas me daban, hasta cruzar al fin la puerta de la tienda, que estaba entreabierta, cómo si alguien hubiera escapado de allí tan deprisa que se hubiera olvidado de cerrarla.
Pero algo estaba mal. Algo no olía bien allí. Y no era el hecho de que llevaba sin ver una ducha por tres semanas. Era algo diferente.
Y entonces lo vi...
Tras el mostrador. Sucio y desaliñado. Desde donde estaba parecía normal aunque no podía verle bien la cara, pero tampoco es que me pudiera fiar de nadie en aquellos tiempos. Así que me escondí tras la estantería que quedaba a mi derecha, alzando mi cuchillo a la altura de mi pecho y apuntando con la punta hacía el frente, preparada para atacar si se acercaba.
Y de repente lo oí...
El gruñido tan característico y que desde hacía días intentaba evitar. Era uno de ellos. De los otros. De los que, al igual que mi madre, se infectaron en la epidemia. Los que ya no distinguían a quienes una vez conocieron. Los que el gobierno fracasó en su plan de erradicarlos del mundo.
Se estaba acercando. No podía quedarme ahí. Sabía que era mejor que me adelantara, lo enfrentara y le clavara el cuchillo en la frente. Pero mis piernas parecían pensar por sí mismas y al parecer no opinaban lo mismo, pues no conseguía moverme.
Mas pasos arrastrados...
Agudicé mi oído..
Parecía acercarse por mi derecha...
Hice una cuenta atrás en mi mente, con la intención de salir frente a él.
3...
2...
Inhalé una gran bocanada del apestoso aire a mi alrededor y lo expiré lentamente por mi boca. Entonces, antes de que el valor me abandonara, salí de mi escondite. Era...
Me paralicé.
No podía ser.
No podía ser él.
Mi mente quedó en blanco. No podía asimilar lo que mis ojos estaban viendo tras de mí. Porque simplemente no podía ser, debía ser una broma cruel del destino.
No. Me había enfermado seguro y estaba aquí teniendo una alucinación.
Pero en el fondo sabía que era verdad. Qué tenía que matarlo, o re matarlo. Qué él haría lo mismo conmigo si estuviera en mi lugar. Qué esa no era la vida con la que habíamos soñado. Y qué si no lo hacía, si no le clavaba el cuchillo antes, él acabaría por matarme a mí. Porque ya no me distinguía. Ya no distinguía a nadie, ni siquiera a él mismo.
Pero era difícil dar el paso. No podía hacerlo...
No podía simplemente matar a Dani.
Hola Darío.. Sí no soy muy original poniéndote un nombre pero tampoco quería llamarte algo tan obvio como "diario" por lo que se me ocurrió este juego de palabras, así que a partir de ahora te llamaré así. Siento no haberte seguido contando la historia de lo que pasó, pero tampoco sabía como continuarla, todo pasó demasiado rápido y aún hoy en día continuo poniendo en orden mis pensamientos y tratando de entender qué y por qué pasó todo aquello....
Habían pasado unas pocas semanas desde que abrí la caja...
Al despertarme aquel día y al ir a comer algo, me di cuenta de que las provisiones escaseaban. Tomé una manzana de mi mochila, la última pieza de fruta que vería en mucho tiempo, pues al ser alimento perecedero, dudaba que encontrara algo similar en buen estado pues todo estaría ya podrido o camino a ponerse feo. Mientras comía la preciada fruta, me colgué mi mochila sobre los hombros y salí del improvisado camping que había montado hacía unos días a las afueras de Walla, caminando entre el cobijo de los árboles, en aquellos momentos muertos, que todavía quedaban a mi alrededor.
Me encontraba escondida tras unos marchitos arbustos. Frente a mi la carretera que separaba el bosque de la pequeña ciudad que me vio crecer, y al otro lado de la misma, una gasolinera con una pequeña tienda en su interior. Parecía intacta, al parecer nadie había llegado antes, por lo que no parecía estar saqueada todavía. Tal vez ahí tenía una oportunidad de llenar mi mochila con comida y sobretodo agua.
Pero no me atrevía a salir de mi escondite. ¿Y si los otros me veían? Se parecían a mis vecinos, amigos y a la gente que quizá me hubiera cruzado antes tomando un café en Barny´s o de compras en el pequeño centro comercial, pero no eran ellos o poco quedaba de aquellas personas. Ya no tenían la capacidad de pensar por ellos mismos, no parecían reconocer a nadie y sobretodo, y esto era lo más fácil para distinguirlos, habían perdido la capacidad de hablar, ahora tan solo emitían gruñidos tal cual estuvieran enfadados todo el tiempo.
Mi madre era uno de ellos. Había enfermado haría una semana con la epidemia que estoy segura yo misma había desatado al abrir aquella maldita caja, pero jamás le dije, ni a ella ni a nadie. Ella pensaba que había sido el gobierno el encargado de abrir la caja, nunca se lo discutí porque en cierto modo tenía razón. Yo no la hubiera abierto si ellos no la hubieran dejado donde alguien como yo pudiera haberla encontrado, o al menos eso era lo que yo quería pensar para sentirme algo mejor, más no parecía funcionar del todo, pues no cambiaba el hecho de que pensaba que había tomado la decisión equivocada y que por culpa de mi curiosidad nos encontrábamos en aquel embrollo.
Al parecer éramos demasiada población, el asunto se les estaba yendo de las manos, lo explicaron al principio de la epidemia, pero la verdad no entendí demasiado bien aquellas palabras técnicas que la señora de las noticias leyó en sus notas frente a todo el país. Mi madre me explicó entonces que cuando la población se descontrola surgían guerras o catástrofes ya fueran provocadas o naturales, como el calentamiento global, y que solo unos pocos lograban sobrevivir para comenzar de nuevo. En mi opinión una mierda, porque... ¿Quién podía elegir quien se quedaba o se iba y podía dormir por las noches con su conciencia manchada?
De pronto escuché ruidos, pasos arrastrándose... eran ellos, los otros. Estiré el cuello levemente para mirar por encima de los arbustos. Si salía ahora y corría hacía la gasolinera, todavía tendría una oportunidad... Los pasos no se acercaban ni a mi ni al establecimiento, si no que sus cuerpos malolientes se arrastraban tras la tienda. Era ahí donde debían estar en grupo reunidos, al acecho de alguien a quien comer.
Fue entonces que armándome de valor, decidí salir y correr...
Agarré el cuchillo de carne, que conseguí antes de salir de casa, tan solo para defenderme, aunque al menos de momento nunca lo había llegado a utilizar, tan fuerte que noté como el mango se me clavaba en la palma de mi mano.
Y corrí... Corrí tan rápido como mis piernas me daban, hasta cruzar al fin la puerta de la tienda, que estaba entreabierta, cómo si alguien hubiera escapado de allí tan deprisa que se hubiera olvidado de cerrarla.
Pero algo estaba mal. Algo no olía bien allí. Y no era el hecho de que llevaba sin ver una ducha por tres semanas. Era algo diferente.
Y entonces lo vi...
Tras el mostrador. Sucio y desaliñado. Desde donde estaba parecía normal aunque no podía verle bien la cara, pero tampoco es que me pudiera fiar de nadie en aquellos tiempos. Así que me escondí tras la estantería que quedaba a mi derecha, alzando mi cuchillo a la altura de mi pecho y apuntando con la punta hacía el frente, preparada para atacar si se acercaba.
Y de repente lo oí...
El gruñido tan característico y que desde hacía días intentaba evitar. Era uno de ellos. De los otros. De los que, al igual que mi madre, se infectaron en la epidemia. Los que ya no distinguían a quienes una vez conocieron. Los que el gobierno fracasó en su plan de erradicarlos del mundo.
Se estaba acercando. No podía quedarme ahí. Sabía que era mejor que me adelantara, lo enfrentara y le clavara el cuchillo en la frente. Pero mis piernas parecían pensar por sí mismas y al parecer no opinaban lo mismo, pues no conseguía moverme.
Mas pasos arrastrados...
Agudicé mi oído..
Parecía acercarse por mi derecha...
Hice una cuenta atrás en mi mente, con la intención de salir frente a él.
3...
2...
Inhalé una gran bocanada del apestoso aire a mi alrededor y lo expiré lentamente por mi boca. Entonces, antes de que el valor me abandonara, salí de mi escondite. Era...
Me paralicé.
No podía ser.
No podía ser él.
Mi mente quedó en blanco. No podía asimilar lo que mis ojos estaban viendo tras de mí. Porque simplemente no podía ser, debía ser una broma cruel del destino.
No. Me había enfermado seguro y estaba aquí teniendo una alucinación.
Pero en el fondo sabía que era verdad. Qué tenía que matarlo, o re matarlo. Qué él haría lo mismo conmigo si estuviera en mi lugar. Qué esa no era la vida con la que habíamos soñado. Y qué si no lo hacía, si no le clavaba el cuchillo antes, él acabaría por matarme a mí. Porque ya no me distinguía. Ya no distinguía a nadie, ni siquiera a él mismo.
Pero era difícil dar el paso. No podía hacerlo...
No podía simplemente matar a Dani.
«Continuará»
16 mar 2016
Reseña: 18 Billetes a la realidad.- Eduardo Rubio Aliaga

►Título: 18 Billetes a la realidad
►Autor: Eduardo Rubio Aliaga
►Editorial: Círculo Rojo
►Género: Relatos
►Saga: No.
►Número de páginas: 126
►Encuadernación: Tapa blanda con solapas
►ISBN: 978-84-9126-023-3
►Precio: 9,95€
►Autor: Eduardo Rubio Aliaga
►Editorial: Círculo Rojo
►Género: Relatos
►Saga: No.
►Número de páginas: 126
►Encuadernación: Tapa blanda con solapas
►ISBN: 978-84-9126-023-3
►Precio: 9,95€
Dieciocho historias que nos acercan a un espacio donde encontrar sentimientos olvidados. Una antología en la que cada uno de sus personajes y ambientes recrea un mundo que nos acerca a la reflexión y a la imaginación donde el amor, muerte, pasión, crítica a los tiempos presentes o la propia locura comparten un mismo elemento como el realismo, combinando diferentes estilos dentro de dicha corriente.
Un lugar donde el lector encontrará su sitio a través de una redacción que permitirá expresar y, a su vez, empapar de esos contextos para que éste sienta, recree y viva cada una de sus historias. Unos escenarios, tan singulares y convencionales al mismo tiempo, que acompañan a una temática diversa y personajes tan dispares en el que los lectores serán partícipes, junto a los protagonistas, de la resolución de los problemas y aspiraciones que hagan su aparición en torno a estas narraciones.
Un lugar donde el lector encontrará su sitio a través de una redacción que permitirá expresar y, a su vez, empapar de esos contextos para que éste sienta, recree y viva cada una de sus historias. Unos escenarios, tan singulares y convencionales al mismo tiempo, que acompañan a una temática diversa y personajes tan dispares en el que los lectores serán partícipes, junto a los protagonistas, de la resolución de los problemas y aspiraciones que hagan su aparición en torno a estas narraciones.
Eduardo Rubio Aliaga (Tomelloso, Ciudad Real, 1993). Graduado en Historia en la Universidad de Alicante.
Comenzó su andadura literaria durante su juventud compaginando sus dos grandes pasiones como son el de la investigación histórica y el de la literatura. 18 Billetes a la realidad, es su primer libro compuesto por una serie de relatos cortos presente en la actual edición. Paralelamente ha sido publicado en antologías literarias y colaborado en varias revistas con la publicación de relatos u otras composiciones similares, además de haber sido co-organizador de eventos como las Jornadas culturales ¿Por qué Japón? (Alicante, 2014). Una vida simpática es un blog literario en el ue nos muestra parte de su trabajo desde 2011.
Hoy os traigo una reseña un tanto especial y algo distinta a lo que hasta ahora he estado subiendo por aquí, y no es que no me gusten los relatos, de hecho leo bastantes, aunque no estén siempre metidos en un solo libro, personalmente es un tipo de lectura que en su mayor medida me ayuda cuando estoy metida de lleno en uno de esos, tan temido por los lectores, bloqueo lector. Hacía tiempo que esto no me pasaba, de hecho y aunque este libro debía de haberlo leído ya hace unas cuantas semanas, no planeaba leerlo ahora mismo pues tenía otras lecturas anteriores pendientes, pero después de dejar, en lo que llevamos de mes, el quinto libro sin poder llegar a finalizarlo, decidí cogerlo a ver que pasaba. Es un libro que ya su portada llamó bastante mi atención cuando lo vi entre las novedades de Círculo Rojo, pero no fue hasta que el autor se puso en contacto conmigo ofreciéndome su lectura que me decidí a darle una oportunidad. La verdad, debo deciros que ha superado con creces todas y cada una de las expectativas que hubiera podido tener con respecto a esta lectura.
En 18 Billetes a la realidad nos encontramos con una antología de relatos cortos donde en cada uno Eduardo nos consigue transportar a lo que es la realidad de los diferentes personajes que nos vamos a encontrar a lo largo de esta lectura, así como sus diferentes inquietudes. Unos personajes que bien pueden ser reales y es que, a diferencia de una novela de ciencia ficción o fantasía, esta recopilación de relatos no está diseñada para sacarnos de la realidad, si no más bien meternos de lleno en ella, ya que en las diferentes historias que encontraremos trataremos temas y problemas que bien podemos encontrarnos en nuestro día a día.
Temas como las drogas, el sexo, amor, salud, trabajo, maltrato, miedo,... son solo algunos de los que nos podemos encontrar a lo largo de estos relatos de tres o cuatro páginas, y en los que el autor, con una pluma bastante cuidada, fresca, de fácil comprensión para todos los que se aventuren a su lectura y con una prosa excepcional, logra sumergirte rápidamente en la lectura, que conectes con los personajes de las historias, hasta tal punto que en algunas ocasiones sientas cierta empatía por ellos.
Como en el caso de uno de los relatos 'Postales desde Copacabana', en el que nos sumergimos en el supuesto cambio de vida tan radical de un hombre que pasa de tan solo tener un empleo que a duras penas le permite pagar facturas y alimentarse a convertirse en el heredero de una pequeña fortuna logrando así realizar uno de sus sueños como es viajar y vivir sin preocupaciones, pero que la vida, superando absolutamente la ficción, se encarga de bajarlo de su nube al hacer sonar las sirenas del cambio de turno en el trabajo de este hombre dándose cuenta que tan solo lo ha soñado todo. Y es que, ¿a quién no le ha pasado eso de despertar de un sueño en el que habría preferido quedarse dentro porque era mucho mejor que la propia realidad?
Pues casos tan cercanos como este, es lo que nos encontramos en esta antolgía, compuesta por dieciocho relatos cortos y de lectura ágil, como:
- Clavada en mis venas.
- Corazones ausentes.
- Postales desde Copacabana.
- Ángel de alas de venganza (dividido en dos partes).
- Entre pitos y flautas.
- Una puerta a la eternidad.
- Compartiremos sueños.
- Delicia mortal.
- Un lugar de Whitechapel.
- Payasos.
- Besos de caramelo.
- Cadenas de cristal.
- Sabores amargos.
- El tesoro de Elena.
- Geert Köller.
- Mina de Goiás.
- Complejos de la edad.
- Invierno de amor.
En conclusión, un libro super recomendado para casos en los que no encuentras el tipo de novela adecuado para leer en cierto momento. Cargado de historias que te provocarán toda clase de sentimientos. Qué te harán sentir tan cercano a los diferentes personajes, sus problemas e inquietudes como si de un amigo cercano se tratara. Qué te atrapará desde la primera palabra del primer relato hasta la última del epílogo. Qué te hará reflexionar. Y qué sin duda no dejará a nadie que se sumerja entre sus páginas indiferente.
Cual fue la locura que me llevó a dejarte entrar a un mundo que corrompiste a tu antojo.
Relato: Clavada en mis venas.
Relato: Clavada en mis venas.
Tan ilusoria fue la búsqueda de la diosa fortuna que sin darnos cuenta nos convertimos en siervos de un amo llamado dinero.
Relato: Postales desde Copacabana.
Relato: Postales desde Copacabana.
Camino tranquilo y decidido en una noche donde el frío conspira junto a la lluva, donde la muerte se une a la venganza. Las licorerías, los bares e incluso algunos moteles infectados de drogas y prostitutas se agolpan en mi camino. Siente como mis pasos acercan el reflejo de tu muerte. Corre porque mis pasos no descansarán hasta verte nadando en esa mezcla de drogas, alcohol y enfermedades, a lo que tú llamas «sangre».
Fatídico el día que decidiste convertirme en lo que soy.
Relato: Ángel de alas de venganza.
El conocimiento de la realidad es lo único que puede despertar nuestra conciencia.
Relato: Compartiremos sueños.
Relato: Compartiremos sueños.
Saber de alguien lógico con mi forma de vida sería aceptar que las mañanas durante todo el año seguirán perteneciendo a la primavera, y que cada día lo podré inventar a mi manera y disfrutar cuanto desee. no me equivoco al decir de no aceptar cánones, restricciones ni guías llevándome por un camino, que no está hecho para mí. Tal vez no esté hecha para este mundo o el mundo no esté hecho para mí.
Relato: En algún lugar de Whitechapel.
Relato: En algún lugar de Whitechapel.
Cuando el día acabe y la noche oscurezca la distancia que nos separa, pensar en ti es lo único que me hará soportar esta soledad.
Relato: Besos de caramelo.
Relato: Besos de caramelo.
Sentado frente al mar, aún consigo recordar aquellos malos recuerdos que aún, a día de hoy, se nublan en mi memoria. A cada momento la veo y podría pensar en aquella mujer de mirada perdida, derramando lágrimas de porcelana entre las sábanas de una cama más fría que el hielo. Una persona a la que robaron sus sueños y vendieron un cuento con un triste final. Una dama privada de libertad y de esperanzas que habían muerto por dentro. Pero no, mi memoria es capaz de recordarla como una mujer que comprendió que de nada valía llorar. Una luchadora que escapó de su jaula y rompió esas cadenas de cristal. Una madre que volvió a sonreír mientras cantaba en una playa cualquiera.
Relato: Cadenas de cristal.
Relato: Cadenas de cristal.
La vida está llena de momentos y tan solo uno de ellos me ha hecho darme cuenta de todo cuanto quiero.
Relato: El tesoro de Elena.
Relato: El tesoro de Elena.
4/5 de 5
Casi rozando la perfección
¡Super recomendado!^^
Y vosotros, ¿lo habéis leído? o ¿Le daréis una oportunidad?
Nos leemos en los comentarios^^
¡Muchas gracias al autor por el envío del ejemplar!
13 mar 2016
Blogs Colaboradores: El principio del fin (1 de 4)
¡Buenos días por aquí!
Hace unos días vi en el blog Katherina´s Thoughts la iniciativa Blogs Colaboradores (Yo leo, Yo escribo). Me resultó bastante interesante, un reto para mejorar la escritura y digo "reto" porque se supone que hay un mínimo de palabras y ese es el mayor reto para mí, pues me empiezo a enrollar y no suelo calcular bien la extensión de los escritos.
Este mes el tema elegido es la "supervivencia", junto con un par de elementos comunes que sí o sí tienen que estar en nuestros relatos. A ver que tal me sale este el primer mes que participo junto a mi colaboradora Naira Shair del blog Daydream Syndrome quien será la que tenga que leer y reseñar mi historia.
Y, pues aquí os dejo con el primer capítulo de la historia, que como podéis ver no tiene ni portada y el título es provisional.
¡Empecemos!
Mi nombre es Lyra, claro que tú no tenías de qué forma saber eso, ¿verdad? Yo antes era una adolescente normal, mi mayor preocupación era terminar con la suficiente nota el último año de instituto para que me admitiesen en la universidad de arte, salir con mis amigos y hablar con mi mejor amiga sobre esos chico/chica que nos gustaba. Vamos lo normal que hace cualquier chica de mi edad.
Nunca se me ocurrió la idea de escribir un diario, por eso es que tú y yo no nos conocíamos hasta ahora, por eso no tenías por qué saber mi nombre, pero... si ahora mismo no te escribo estas palabras, ya me dirás con quién más puedo hablar. Por lo que antes de empezar a delirar por la necesidad de comunicarme con alguna otra persona, mejor hacerlo contigo, ¿verdad? O al menos, si corro el mismo destino que todos a lo que una vez conocí, confío en que alguien te encuentre algún día y al leerte pueda saber que una vez existió una forma de vida anterior a él o ella, y como comenzó toda esta pesadilla...
Hace tres semanas...
Viernes por la tarde, ese día tan esperado por todos y que da comienzo a un fin de semana de descanso con los estudios, trabajo, reuniones...
A mis diecisiete años, era una estudiante promedio de último curso del Instituto Williamsburg, por lo que llevaba pasada la mayor parte de la tarde de aquel viernes terminando de preparar algunos de mis exámenes finales en la biblioteca del mismo, hasta que el conserje avisó de que era hora de cerrar las puertas. Regresaba a casa, a las afueras de la pequeña población de Walla, en el estado de Washington, dónde vivía con mi madre, después de que, hacía ya un par de años, mi padre nos dejara tras sufrir un fatídico accidente de avión, cuando regresaba a casa de su misión en Afganistán por mi décimo quinto cumpleaños.
Era algo tarde ya, y el cielo había oscurecido notablemente al dejar paso el sol a la luna en él. No me gustaba caminar sola a esas horas tan avanzadas de la tarde, menos por esas calles, por lo qué, aceleré mis pasos subiendo más el volumen de mi IPod, para así alejar cualquier ruido y me distrajera de las tenebrosas sombras que la luz de las farolas recreaban sobre las paredes de ladrillo rojizo de los edificios en mi camino.
De pronto, una sensación de ser seguida por alguien me invadió. Sin detener ni aminorar mis pasos, giré un poco mi cabeza sobre mi hombro, pero no vi a nadie, ni sospechoso ni normal, simplemente no parecía haber nadie tras de mí, aún cuando dicha sensación no desapareció.
Apagué el Ipod para tener más control auditivo de lo que pasaba a mi alrededor y poco a poco aligeré más mis pasos hasta echar a correr calle abajo. Estaba ya sin aliento. Me detuve al llegar al callejón tras el restaurante, el cual reconocí de haber estado cenando con mi madre en unas cuantas ocasiones donde celebrábamos algún acontecimiento especial que quisiéramos recordar.
Era una callejón sin salida, por lo qué, lo primero que pensé es que si entraba ahí probablemente lo tuviera más difícil en el caso de que, quién quisiera que me persiguiera, me siguiera hasta el interior del mismo. Aún así, cabía la posibilidad también, de qué, si me escondía bien tras los mugrosos cubos de basura que ahí se tiraba, podía tener una buena oportunidad de distraer al perseguidor y que pasara de largo, sin ni siquiera reparar en el callejón.
Y así lo hice.
Me encontraba agachada en posición de cuclillas tras un par de apestosos cubos de basura. Seguro que aquella noche el restaurante había servido pescado como ingrediente principal en su menú o había pasado demasiado tiempo desde que el basurero se había dado una vuelta por allí, porque el olor que desprendía el lugar me estaba empezando a marear.
Saqué mi teléfono móvil y después de ponerlo en modo silencio para evitar sobresaltos y dar pistas a quien no debía, busqué en la agenda algún número a quién poder llamar para que acudiera en mi ayuda. Pero... ¿a quién?
Desde hacía dos meses que mi grupo de amigos se había visto dividido considerablemente. En parte había sido mi culpa. Lo sabía. Era consciente de ello. Pero no lo pude evitar y el alcohol tampoco ayudó...
Nos encontrábamos en la fiesta que daba una de mis, por entonces, mejores amigas, Amanda, por su décimo quinto cumpleaños y pues... el alcohol y la adrenalina del momento hicieron que diera un paso más allá de la amistad con, precisamente ella. Un paso que si bien hacía tiempo me moría por dar, al hacerlo solo me supuso saber algo que en condiciones normales y sin intoxicar, ya sabía. Qué aquel beso había sido un error. Qué mi mejor amiga no sentía lo mismo que yo. Pero lo que nunca me imaginé fue lo que vino después.... A Amanda, no solo haciéndome el vacío, si no metiéndose conmigo, humillándome públicamente e intentando poner a todo el instituto en mi contra con aquel vídeo editado en Youtube.
Claro, lo consiguió con muchos, aunque hubo otros que se quedaron a mi lado, como Brooke o Dani, que hicieron lo que Amanda tendría que haber hecho si hubiera sido de verdad tan amiga mía como se hacía llamar, apoyarme pese a todo. Al fin y al cabo, soy humana, también me equivoco, ¿verdad?
Pero desgraciadamente, las cosas no siempre pasan tal y como esperamos.
Así que, aquí estaba, en un apestoso callejón oscuro, siendo perseguida por quién sabía que psicópata, violador, ladrón o asesino, y con una limitada lista de contactos para llamar y pedir ayuda. Decidí llamar a Dani, pues Brooke había salido de viaje aquella misma tarde con sus padres para pasar el fin de semana en casa de sus abuelos. Pero, con mi dedo en la tecla de llamada, justo antes de apretar y llamar a mi amigo, algo a unos metros de mí, captó mi atención.
Entrecerré mis ojos levemente para acostumbrar mi visión a la oscuridad del lugar y pude ver una pequeña y algo vieja caja de madera tallada. A simple vista, bien la podría haber confundido como algo parte de la basura desperdigada a mi alrededor, pero pude distinguir algo especial en ella. Estiré mi brazo hasta alcanzarla y la dejé sobre mi regazo, observándola con atención.
Más de cerca, no parecía nada especial. Quizá un recuerdo familiar de alguien, un trasto viejo ya inservible que sus dueños habían desechado sin más. Empecé a imaginar, como a veces hacía, pasando las yemas de mis dedos por aquellas formas talladas en relieve en la madera, a quién o quienes podía haber pertenecido.
Una parte de mí, como si del típico angelito bueno que tomaba forma de conciencia en los dibujos animados se tratara, me decía que no la abriera, que algo de lo que iba a encontrar en el interior no iba a gustarme o fuera a ser peligroso y algo malo fuera a pasar.
Por otro lado, estaba la parte de mi curiosidad. El típico diablillo rojo con su pequeña horca sujeta a sus manos, apareciendo en mi hombro contrario, repitiéndome una y otra vez que la abriera, que tan solo era una vieja caja y que posiblemente, tan solo iba a encontrar algunas fotografías y recuerdos viejos contando un pedazo de historia de algún antepasado de alguno de los vecinos de Walla.
Nada más lejos de la realidad...
No sabía que hacer... ¿Abrirla o dejarla dónde la había encontrado? Parecía un dilema fácil de resolver...
Al final, después de mucho pensarlo y para desgracia de la humanidad, ganó mi curiosidad, el diablillo en mi hombro izquierdo se salió con la suya y...
Abrí la caja.
«Continuará»











































